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La euforia y la miseria por la guerra en Nagorno Karabaj

Archivo: Un uniformado se refleja en un espejo mientras está de pie cerca de una casa incendiada por personas de etnia armenia que partieron, en una zona que había estado bajo su control militar pero que ya es de Azerbaiyán, en la aldea de Cherektar, en la región de Nagorno Karabaj, el 14 de noviembre de 2020.
Archivo: Un uniformado se refleja en un espejo mientras está de pie cerca de una casa incendiada por personas de etnia armenia que partieron, en una zona que había estado bajo su control militar pero que ya es de Azerbaiyán, en la aldea de Cherektar, en la región de Nagorno Karabaj, el 14 de noviembre de 2020. © Stringer / Reuters

En septiembre de 2020, aires de guerra volvieron a soplar en el Cáucaso. Armenia y Azerbaiyán se enfrentaron de nuevo en el enclave de Nagorno Karabaj, un territorio que ambos países disputan desde la década del 90. Se esperaba que la confrontación terminara brevemente pero no fue así. La batalla se transformó en una intensa guerra de seis semanas, dejando al menos 6.000 muertos y una nueva herida abierta entre armenios y azeríes. 

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La razón del resentimiento entre los ciudadanos de los dos países radica en la importancia que para estas dos naciones tiene Nagorno Karabaj. Durante la época de la Unión Soviética, la disputa por la región quedó congelada bajo el mando de Moscú y el Ejército Rojo. Pero, bajo la Perestroika de Mikhail Gorbachov, la tensión se multiplicó. 

En 1991, con una Unión Soviética agonizando, ambos países se declararon la guerra. El conflicto duraría aproximadamente tres años, hasta 1994, y en él murieron alrededor de 30.000 personas. 

Armenia ganó la guerra y estableció la nueva República de Nagorno Karabaj, un nuevo país dentro del territorio internacionalmente reconocido de Azerbaiyán. Además, las fuerzas armenias fueron más allá y conquistaron por la fuerza las siete regiones azeríes que rodeaban las montañas del Karabaj. 

26 años después, Azerbaiyán fue el vencedor. El conflicto terminó el 10 de noviembre de 2020 con la firma del armisticio entre los líderes ruso, armenio y azerí. Armenia, que aún controla partes del Karabaj, aceptó entregar las siete provincias azeríes conquistadas en la primera guerra.

Miles de personas llegan al cementerio militar de Yerablur para rendir homenaje a los soldados fallecidos en la guerra por Nagorno-Karabaj. En Ereván, Armenia, el 19 de diciembre de 2020.
Miles de personas llegan al cementerio militar de Yerablur para rendir homenaje a los soldados fallecidos en la guerra por Nagorno-Karabaj. En Ereván, Armenia, el 19 de diciembre de 2020. © Vahram Baghdasaryan/Photolure/Vía Reuters

Para muchos en el Cáucaso son pocas las posibilidades de que la paz entre ambos pueblos llegue pronto. 

“Hay muchas cosas que pasaron en el pasado que aún evocan muchas emociones, y este trabajo no se ha realizado aún. Hay mucho trabajo que hacer para preparar a la gente para la paz. Y eso no se consigue sólo con acuerdos gubernamentales”, dijo Hamida Giyasbayli, activista para la paz.

No obstante, para otros una cosa está clara: solo cuando la felicidad de unos no se imponga a la de los otros, podrá haber paz en el Karabaj. 

Hasta que ese momento llegue, la historia de guerras, exilios, muerte y destrucción, en las montañas del Cáucaso, está condenada a repetirse. 

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