Myanmar vive una violencia que enluta sobre todo a los jóvenes

Kyal Sin, una estudiante universitaria de 19 años, figura entre las víctimas mortales de la víspera. Cientos de personas acompañaron su féretro mientras recorrían las calles de Mandalay, a la vez que algunas de ellas realizaban el saludo de tres dedos, un gesto de rechazo hacia el golpe.